miércoles, 31 de diciembre de 2025

Comentario de Mónica Gómez del cuento "El fabricante de ilusiones" de Jorge Aldunate.

 

                                              

 Comentario de Mónica Gómez

 

 En la escritura que apreciamos en este cuento titulado “El fabricante de ilusiones” de Jorge Aldunate, pareciera indicarse una búsqueda del ser y su estar, en una necesidad por crear o recrear la apariencia falsa de un mundo inexistente. Vemos en este relato, un intento del narrador por interpretarse a sí mismo dentro de la desorientación e irrealidad que le otorga el ambiente que lo rodea, personajes que al ser imaginarios no los moja la lluvia que cae sobre ellos ni el periódico que uno de ellos lee, porque en la imaginación el narrador se convierte en un pequeño Dios creador omnipotente que maneja los hilos de la otra irrealidad creada y para él no hay imposibles, todo es posible- la magnífica arma del arte- así, se produce una dicotomía entre el hacer imaginación de este Dios creador y el narrador o “ fabricante de ilusiones” como dice su autor Jorge Aldunate, triunfando el primero quien con su poder omnipotente elimina al escritor porque – según esta premisa - todo es irreal incluso la realidad misma. La frase " el escritor es un pequeño Dios” célebre declaración del poeta chileno Vicente Huidobro, resume su idea de que el escritor no debe imitar la naturaleza, sino crear con sus palabras mundos nuevos y originales, actuando como un creador independiente. La imaginación de Aldunate va más allá de lo convencionalmente aceptado como realidad, cuestiona, y crea otro universo dentro del cuento, donde con sus palabras anula la realidad exterior y crea otra realidad, autónoma y generada por la mente del artista. 

 Mónica Gómez

 Escritora y agente cultural









                          

viernes, 12 de diciembre de 2025

Saludo navideño y de fin de año con el cuento corto fantástico de mi autoría "DEL MUNDO SECRETO DE LAS COSAS"

 


      


Del mundo secreto de las cosas

 

 

                                                                               

La antigua sabiduría cuenta que existe un mundo secreto de las cosas y que son ellas las que ejercen su magnífico poder sobre la realidad, alterando los designios de los humanos e incluso sus destinos.

En el pasado, a este mundo ignorado se le llamaba justicia divina o milagros y se fundamentaba en la creencia que la auténtica verdad obedece a una justicia existencial.

Quizás sea una superstición, quizás una revelación de los sueños o quizás delirios de las   mentes de algunos sabios de la antigüedad.

O tal vez era una verdad de fe.

Y sucedió que la cruz de diamantes pertenecía a ese mundo y mostraba su poder en forma sabia e inexplicable.

En tiempos pasados, cuando ella aún vivía, la abuela había heredado la cruz de diamantes de sus antepasados.

El menosprecio de mi abuelo -el marido infiel- hacia ella y a su vez a todo lo que de ella emanara, intentó contaminar aquella joya que siempre colgaba con una cinta de terciopelo negro del cuello de la abuela, y con el propósito de devaluarla y demostrar la falsedad de los diamantes, acercó fuego a la joya; para su asombro la iridiscencia de los diamantes de la cruz permaneció incólume en su transparencia, probando la legitimidad diamantina de su esencia.

Concluyéndose que la cruz de diamante era tan auténtica y pura como el alma de su dueña.

Cuando la abuela falleció – extrañamente- la pieza sagrada y poseedora quizás de un secreto fue guardada bajo llave en el baúl de la muerta.

Rompiendo la promesa familiar de ser la cruz únicamente heredada por una descendiente de la dueña como siempre había sido, en los meses posteriores al fallecimiento, él -el marido infiel- retiró la pieza del baúl y la obsequió a su amante, una muchacha veinteañera, hermosa y ardiente.

Poco duró la cruz de diamantes sobre el pecho de la muchacha, por la noche del mismo día de recibida como obsequio, la joya desapareció de todo lugar visible.

A partir de ese momento se creó una confusión, concluyendo -el viudo infiel- que su amante la había vendido cambiando así amor por dinero, por lo que humillado terminó su amorío con ella en forma definitiva.

Muchos años más tarde, la más pequeña de las descendientes de la familia, una niña de sólo diez años, hurgando entre los cajones de un antiguo ropero que aún se conservaba en un rincón, encontró una llave dorada.

La que probó en varias puertas y cajones sin resultado alguno. 

Y la epifanía - lenguaje del mundo secreto - se le reveló, era la llave que abría el olvidado baúl de la abuela. 

Lo abrió, levanto la pesada tapa y allí en el fondo del mueble, brillando en su esplendor, con iridiscencia en reflejos transparentes, resplandecía la bellísima cruz de diamantes desaparecida del mundo real y ahora presente ante los maravillados ojos de su auténtica heredera.

 

                                                     Mónica Gómez

                                    Santiago, 7 diciembre 2025.

 

 

 

 


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